Odio las lavadoras

Hay amores que te merecen la pena aunque solo sea por dos días. Otros, en cambio, no merecen la pena ni un solo minuto. Y creo que es casi dicotómico. Haz la lista en tu cabeza.
Tengo que admitir que pese a dárseme bien la tecnología, las únicas máquinas que odio, son las lavadoras. Estoy deseando que Amancio Ortega se ponga en serio con este tema. Han sido capaces de hacer bonitas las escobas, por lo que imagino que no les llevaría más de un par de semanas llevar a cabo un estudio de cómo sería la lavadora perfecta. En colaboración con Apple. Si yo fuera parte de ese BOARD, diría que podría tener 3 botones: modo rápido, modo blanco, modo prendas delicadas. Todo lo demás no merece botón. No merece ni si quiera ser mencionado. Ni tenido en cuenta.
Odio también a la gente que va a refrescarse a los centros comerciales. Y los centros comerciales en si. Hay un olor, una especie de sonido blanco que te acompaña por todas partes. Da igual en la tienda que te metas, sigue estando. Y casi que cuando sales por la puerta te persigue, hasta que por fín te metes en tu coche y PUM, desaparece. Solo en el metaverso conseguiremos que esto no suceda.
También odio y con esto termino, cualquier olor a perfume. Solamente salvo el de TERRE de Hermès, para los hombres. No se si está muy visto pero recuerdo que siempre que pienso, qué bien huele y pregunto, es ese perfume.
Pensaba el otro día, que echo de menos a Enrique Iglesias. Me gustaría saber qué es de su vida. Que hace un día como hoy y por qué hace algunos años nos ha dejado sin canción del verano. ¿Será la paternidad? ¿Él también está teniendo ese viaje de ida y vuelta, que siempre menciono?