Una cosa es poder y otra querer

Estoy escribiendo una ficción muy interesante, junto con mi amiga Mariana sobre la nueva maternidad. Que mezcla temas de los que hablamos las mujeres mientras nos bañamos en la piscina, y pedaleamos, apoyadas en el bordillo, para hacer gimnasia a la vez que reflexionamos sobre nuestro rol como madres, empresarias, modelos, secretarias, buenas amigas y con algo de tiempo para mindfulness. Me refiero a esa capacidad de llegar a absolutamente todo, nivel: "mesa de invitados perfecta con cubertería de plata y servilletas de iniciales". Solo unas pocas pueden llegar a ello sin renunciar a nada.
Y aquí entremezclo varios temas. Por una parte, mi necesidad de dejar un pequeño legado. El sense of legacy, que, quien lo tiene, sabe a lo que me refiero. Quien no lo tiene, no tiene por qué sentirse ni bien ni mal, creo que debe de ser algo parecido a la fe.
Sueño con el día en el que mis nietos descubran un cajón donde estén las historias que escribí. Las películas que interpreté, las canciones que compuse o los cuadros que pinté. Es más, me gustaría dedicarles un cuarto entero. Seguramente en mi casa de Teruel, donde hay graneros todavía vacíos. Voy a explicarle luego a mi padre. Como un pequeño museo lleno de fotos, revistas, DVD's que ellos llamarán "antiguos". Vete tu a saber de dónde me viene todo esto.
En fin, los que ya me conocéis, sabéis que tengo un afán muy concreto por examinar estos cambios a los que nos vemos empujados de una forma inexorable. ¿Recordáis las primeras veces que empezábamos a escuchar hablar sobre la IA? ¿Totalmente desconcertados? ¿Fue el verano pasado? Había un factor casi mágico, que para mi todavía sigue existiendo. ¿Cómo ——— puede ser que "la Chati" (como la llama mi amigo Jaime Fontecha) lo sepa todo a esa velocidad? ¿Qué capítulo me he perdido? Mi sensación sigue siendo, "no lo entiendo, pero contéstame a estas 4 cuestiones anda, ya que estás". Eso sí, todo con mucho respeto y educación. Me chivaron que era importante.