¿Qué es la suerte?

El otro día, mientras esquivaba chapuzones de un grupo de adolescentes en mi piscina —a la que intento ir siempre en horarios extraños, como si todavía existiera la posibilidad de estar sola en algún sitio— pensé que este podría ser un buen tema para mi segundo post.
La suerte.
Existe una suerte en lo estable: que suerte tener una familia sana. Que suerte de amigas. Que suerte de casa. Pero luego está esa otra suerte, que no se sabe si es o no suerte. La suerte tiene una trampa: solo puede reconocerse con el tiempo. Lo que hoy parece un regalo puede acabar siendo una desgracia. Y viceversa.
Hace muchos años leí una historia que no he olvidado. Y dice así:
Un campesino recibe un caballo salvaje.
—Qué suerte —le dicen los vecinos.
—Quizás —responde él.
Al poco tiempo, el caballo se escapa.
—Qué mala suerte. Le dicen.
—Quizás. Responde él.
Días después, el caballo vuelve acompañado de varios caballos más y sus vecinos le dicen:
—Qué suerte.
—Quizás. Responde él.
El hijo del campesino intenta domar uno de esos caballos, se cae y se rompe una pierna.
—Qué mala suerte. Piensan todos.
—Quizás. Reitera el campesino.
Algo más tarde, el ejército recluta a todos los jóvenes para ir a la guerra. A su hijo no se lo llevan porque tiene la pierna rota.
—Qué suerte.
—Quizás.
Quizás esta sea la única respuesta inteligente.
Pero solo quizás.