Cuando baje la marea

Somos tremendamente predecibles. En Instagram me refiero. Todos compartimos generalmente uno o dos temas. Algunos su curro. Otros su running. Otros sus planes. Sus amigos. Sus eventos, sus recetas o sus outfits.
No es una crítica, es una observación.
Lo necesitamos. Nos guste o no. Yo estuve muchos años sin hacerlo y en un punto, lo eché de menos. Por eso volví. Echaba de menos poder “compartir”. Aunque fuera una nimiedad. Hay gente que está a salvo de esa necesidad. Y para mi son multimillonarios. Gente que puede vivir sin esa pequeña dosis de adrenalina.
Porque da felicidad. No lo vamos a negar. Sino no lo haríamos.
Y todos contribuimos a esa rueda, que sigue girando. Da igual la hora. Instagram es el bar que siempre abre. La nevera que siempre tiene algo fresquito. Una coca-cola. Un trozo de melón. Un resto de tarta. Azúcar.
A veces te llevas cosas ricas. Otras comparaciones odiosas. Y cierras pensando que te apetecería más comer fuera. Pero tu nevera, es tu nevera. Siempre vas a terminar queriendo volver a tu nevera.
Así que conviene ordenarla (de vez en cuando). Por ejemplo: Septiembre es buen mes para hacer esa limpieza. Silenciar stories y parrillas de esos contactos que te hacen de espejo. Que te hacen replantearte si avanzas a un ritmo óptimo en tu camino.
Esas personas cuya vida digital admiras porque te hacen pensar que en tu vida real falta algo. La ropa, la casa, el marido, el grupo de amigos. Fuera. No merece la pena. Tu vida es perfecta tal y como es en este instante. Os lo digo para recordármelo. Muchos escritores escribimos por esa razón.
Lo importante es que tengas a alguien a quien llamar. Que te cojan el teléfono a la primera. Que te devuelvan la llamada si no llegaron a tiempo. Que te llamen cuando se aburran. No cuando te ha sucedido algo grave. Para reírse un rato. Para olvidar que la vida se pone cada vez más jodida.
Cuanto más difícil nos lo pone el algoritmo más fácil veo que todo lo importante de la vida, está en otras aplicaciones, que nada tienen que ver con Instagram. ¿No os parece?